Revista Barroco
Auburn University Montgomery
7071 Senators Drive
Montgomery, AL 36117
United States
pamela
Contenido/Content:
"La imagen del poder de Felipe II en el Barroco: Representaciones de Lepanto"
"Felipe II's image of power in the Baroque: Representations of Lepant"
Contributor/Contribuyente:
Eva María Martínez Cortés
Universidad de Sevilla
Resumen: La creacin de la imagen mtica de Felipe II como defensor de las fronteras catlicas por medio de triunfos navales se fue forjando durante su reinado y qued totalmente establecida antes su muerte en 1598. Durante el siglo XVII, los cronistas de la poca contribuyeron an ms a su glorificacin, recurrindose a la representacin de la batalla naval de Lepanto para asentar una visin de poder de la monarqua cuando ya no tena tanto.
Abstract: The creation of the mythical image of Philip II as a defender of the Catholic Frontiers through his naval victories was making during his reign, and it was totally established before his death in 1598. During the XVII century the chroniclers of this period contributed further to his glorification, and they utilize a representation of the victory at Lepanto, in order to create a powerful view of the monarchy when the crown didnt have such power.
[] Digo, en fin, que yo me hall en aquella felicsima jornada, ya hecho capitn de infantera, a cuyo honroso cargo me subi mi buena suerte, ms que mis merecimientos [][i]
Esa virtud (la paciencia) descubri grandemente este Catlico Rey en lo ltimo de su vida, no quedando atrs lo mucho que campe en el discurso della, pues se manifest maravillosamente con admiracin del mundo en las grandes empresas que acometi por mar y tierra. Dos fueron, entre todas, las ms insignes; la primera contra la soberbia Otomana y arrogancia Turquesca, en la batalla naval de Lepanto. La segunda contra la protervia de la perfidia inglesa, enemiga capital de la Iglesia, y perseguidora de los ministros de Cristo. Estas dos empresas le hicieron glorioso entre todas las naciones del orbe, por ser ellas tan arduas y tan justificada la causa, la intencin tan recta y el bien tan comn y tan importante; y aunque fueron los sucesos tan desiguales en estas dos jornadas, la gloria que se le debe por ellas no es tan desigual, porque en lo que toco a las empresas de parte de su invictsimo pecho, no fue menos justificada la causa en la segunda que en la primera; la disposicin de los medios, no menos prudente; la intencin, no menos piadosa y recta; y as la gloria, en cuanto a la empresa no fue menor[ii].
As era visto el monarca a los pocos aos de su muerte, pero cmo se entenda el concepto de representacin en la Edad Moderna?. En el Tesoro de la lengua castellana de Sebastin de Covarrubias y Horozco (1538-1613) publicado en 1611, se nos define representar en una nica acepcin: hacernos presente alguna cosa con palabras o figuras que se fijan en nuestra imaginacin. Posteriormente, en el Diccionario de Autoridades (1726-29) aparecen dos significados de este concepto, hacer presente alguna cosa, y otro no definido por Covarrubias, manifestar en lo exterior alguna cosa, que hay, o que le parece[iii]. As se ligaron dos ideas, la primera resalta la ausencia de lo representado y la segunda se refiere a su imagen por ella misma. La corte filipina fue plenamente consciente de que las manifestaciones artsticas ejercan este tipo de persuasiones, por lo que se valieron de ellas para constituir los mecanismos de poder que plasmaron el ideal de majestad unido al del poder naval.
Pero estos caracteres suasorios conllevaron a otro aspecto, el parcelamiento que de la realidad se produjo a travs de la realizacin de imgenes de batallas navales, ya que los poderosos mostraban solamente las representaciones que resultasen eficaces para los fines propuestos por el Monarca, el Estado o la Iglesia. De ah que encontremos multitud de imgenes proyectadas desde el cristianismo que plasman la victoriosa batalla de Lepanto, tanto desde el punto de vista de la monarqua hispnica como desde el veneciano o del Vaticano y ninguna representando el fracaso de la Gran Armada contra Inglaterra (1588). Lgicamente, como caba esperar, fue enorme la produccin britnica y flamenca en la que se representa dicho combate naval. De este modo vemos como la corte filipina hizo uso de las victorias, aunque no fuesen decisivas para su gobierno, para exaltar su poder haciendo creer al enemigo exterior y al pueblo, que la monarqua hispnica tena en su trono al rey ms poderoso de la cristiandad.
En la corte del rey prudente eran conscientes de que una imagen no slo constitua un objeto visual, sino que implicaba otros procesos de conducta como la percepcin, el pensamiento y la memoria. Saban que los grabados, pinturas y festivales iban ms all de una mera representacin icnica, por eso hicieron uso de todos estos soportes para exaltar a travs de ellos el poder de Felipe II. Como una de las principales pretensiones era fijar en la memoria el concepto de soberana asociado a los triunfos navales, se emplearon frecuentemente arquetipos en este tipo de representaciones.
El uso de este tipo imgenes conmemorativas llevaba intrnseco el concepto del dominio del mar, el cual ejerca el monarca tras haber logrado con el triunfo blico la superioridad en poder martimo. l ostentaba mayor fuerza naval, el mayor nmero de bastiones y una superioridad en la flota de transporte sobre el enemigo[iv]. Por tanto hemos de ser conscientes de la dimensin que llegaban a alcanzar algunos triunfos navales como Lepanto, justificndose perfectamente el elevado nmero de imgenes realizadas para celebrarlo. Y tambin sus referencias en la literatura: [] y aquel da, que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en l se desenga el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar, en aquel da, digo, donde qued el orgullo y la soberbia otomana quebrantada [] escribi Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) , que particip en la batalla desde la galera Marquesa, en el captulo XXXIX de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha titulado Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos[v].
Tras este combate poco a poco se va produciendo la decadencia del poder martimo otomano llegndose hacia finales del siglo XVI a una situacin de estancamiento que hizo de la paz entre la monarqua hispnica y el imperio otomano la salida ms lgica. Esto supuso una demostracin del cambio de ideales, de transformacin econmica y desplazamiento de las reas de actuacin en el Mediterrneo, que coincidirn con el paso del Renacimiento al Barroco, y con la muerte de Felipe II en 1598.
La victoria naval de Lepanto se convirti en un hito, ms por lo que simbolizaba que por su relevancia poltica y militar. Fue una batalla gloriosa que supuso la culminacin del esfuerzo cristiano por detener la expansin otomana. Constituy, sobre todo, la prdida del sentimiento de inferioridad frente al imperio turco[vi], pero no la formacin del freno del podero enemigo, pues fue un acontecimiento sin continuidad ya que la Santa Liga se deshizo tras el evento. Sin embargo, con la batalla s se consigui algo de suma relevancia: establecer las fronteras de dominio entre la monarqua hispnica y el imperio otomano[vii].
No podemos pasar por alto la imagen que de los turcos se nos ofrece en las representaciones de batallas navales del reinado filipino[viii]. sta es la del enemigo tanto poltico como religioso. Por tanto la nacin otomana se ver como una poblacin totalmente contrapuesta a la hispnica pues encarna el mal, frente a Espaa que simboliza el bien[ix]. Asimismo los otomanos personificaron el miedo a lo desconocido, aunque tambin se les atribuyeron algunas virtudes, pero tan solo en el plano militar, pues esto ayudaba a los cristianos a justificar su enorme poder. Este concepto del enemigo como lo maligno pero dotado de un gran valor que queda reflejado claramente en una frase de la Topografa e Historia General de Argel publicada por Diego de Haedo: son todos estos turcos gente villisima, torpes y villanos, a que ellos llaman Chacales, pero algunos han salido y salen hombres de hecho y valerosos[x]. En cuanto a su iconografa, hemos de decir que a partir del siglo XVI fue tal la asociacin producida entre la religin islmica y los turcos, que en las imgenes de batallas y episodios de la historia sagrada se sustituy la representacin de los hispano-musulmanes por la de turcos. Estos tipos orientales se convirtieron en arquetipos que aparecern con las mismas caractersticas en todas las imgenes blicas filipinas.
Representaciones de Lepanto en el Barroco
El 13 de septiembre de 1598 mora Felipe II en El Escorial mientras se aferraba firmemente al mismo crucifijo que sostuvieron sus padres Carlos e Isabel al morir[xi]. En 1601 se edita la monumental Historia General de Espaa del padre jesuita Juan de Mariana (1536-1624) en la que dice: [...] Esta victoria fue la ms ilustre y sealada que muchos siglos antes se haba ganado; de gran provecho y contento, con que los nuestros ganaron renombre no menos que los antiguos y grandes caudillos en su tiempo ganaron[xii][...]
Fueron numerossimos los discursos funerarios realizados en los que se ensalzaron sus virtudes, pero hubo asimismo muchas crticas a su reinado. Desde ese momento, como afirma el hispanista Geoffrey Parker, el rey haba pasado de la historia al mbito del mito y la leyenda[xiii]. Felipe II y sus hazaas heroicas, especialmente la victoria de Lepanto, representaran ms que a una persona fsica, a la institucin de la Monarqua Catlica[xiv]. Una vez fallecido el rey prudente se poda tener una visin de conjunto referente a su reinado, el cual pasara a glorificarse y mitificarse desde entonces. Y esto se debe en gran medida a que Felipe II realiz algo excepcional en la Edad Moderna, y es que fue l mismo el que se ocup de que su figura fuese perpetuada a travs del arte, algo que slo fue realizado con tal empeo anteriormente por su bisabuelo[xv], el emperador Maximiliano I Habsburgo (1459-1519). De esto ya fueron conscientes los historiadores a los pocos aos de su muerte: [] En la representacin de la Majestad y autoridad real, ninguno excedi a su Majestad y pocos le igualaron [][xvi]. As, dedic grandes esfuerzos en construir su imagen no solo a travs de los retratos, sino tambin con representaciones de sus triunfos, como ya hemos visto.
Recordaremos otro fragmento del siglo XVII de Baltasar Porreo que resulta bastante ilustrativo: Fue inagotable diamante de la Fe, muralla inexpugnable de la christiana religin, y gran celador de la honra de Dios, hizo rostro al Turco, quebrant su orgullo en Lepanto, decerc a los caballeros de Malta, defendi a los catlicos de Francia, opsose a la furia de Inglaterra, y aunque en la guerra de Inglaterra no tuvo prspero suceso, no por eso se menoscab su gloria, porque suele Dios por sus ocultos juicios probar a sus amigos en las adversidades y dar a sus enemigos la victoria, como se vi en Josas 4. Reg. 23, que siendo el mejor de Jud, y ms inculpable fue vencido y muerto en una batalla por el rey de Egipto: y en San Luis, Rey de Francia, que en tan Santa demanda como la conquista de la Tierra Santa, fue vencido y preso de los moros. El Rey Catlico Don Phelipe Segundo experiment lo uno y lo otro, esto es, prsperos y adversos sucesos: con los primeros venci a sus enemigos, y con los adversos se venci a si mismo, que fue la victoria ms gloriosa que el tuvo[xvii].
Un ejemplo ms de este mecanismo de mitificacin se encuentra en un manuscrito que trata de la Traa y orden para las honras del Catlico Rey nuestro seor Don Phelipe el Segundo y apuntamientos de matheria por sus aos[xviii]. En l se hizo una crnica de los acontecimientos acaecidos durante el reinado del monarca que tambin contribuyeron a conformar la imagen mtica que desde el poder se quera crear. El texto estableca los patrones a seguir a la hora de representar al rey catlico y sus hazaas. Aunque hay que tener en cuenta que la memoria artificial siempre ha tratado de objetivar las representaciones, especialmente en una poca en la que segn Santo Toms, el hombre no puede comprender si no es con la apoyatura de imgenes[xix]. Por eso la realidad del reinado filipino sera idealizada desde su muerte, escogindose preferentemente el soporte del lienzo para rememorar su gran imperio en el que nunca se pona el sol. A travs de estas imgenes sus descendientes recordaran con nostalgia lo poderosa que fue, y ya no era, la monarqua hispnica.
Influyeron de un modo decisivo en la elaboracin de imgenes de temtica histrica las Historiae de rebus Hispaniae, redactada por el padre Juan de Mariana anteriormente mencionada, ya que fue considerada desde su publicacin como la Historia de Espaa definitiva. En los siglos XVII y XVIII la complet Jos Manuel Miana (1671-1730), y sigui tenindose como la verdadera y casi nica hasta que Lafuente editara la suya (1850-1867)[xx]. La obra de Mariana constituira pues, la principal fuente documental para la realizacin de las representaciones de los hechos de Felipe II durante el Barroco.
Llama la atencin una gran imagen (2,18 x 3,58) de la batalla de Lepanto en la Iglesia de Santo Domingo de Murcia [figura 1]. Antonio Palomino (1655-1726), considerado el primer gran bigrafo de los artistas espaoles y a su vez pieza clave en la creacin de la conciencia histrica de la escuela artstica de Espaa[xxi], escribi sobre esta pieza: [] En la dicha capilla junto a la reja de la iglesia del convento, est un gran lienzo de la batalla de Lepanto, en que ech el resto de su habilidad (Mateo Gilarte): y se dice que para hacer esta obra tan magnfica se ayud del clebre batallista capitn de caballos Juan de Toledo, que asisti mucho tiempo en aquella ciudad, siendo parciales e ntimos amigos; de suerte que no se desdeaba el uno de que sus obras las tuviesen por el del otro: prueba de su recproca confianza[xxii]. Al parecer lo que hizo Juan de Toledo fue la composicin general de la batalla, llevando a cabo la ejecucin de la obra Mateo Gilarte (hacia 1648-1700). Desde que Cen Bermdez a finales del siglo XVIII plantease que Juan de Toledo cre el cuadro y que el valenciano Gilarte lo pint, se fue creando una polmica en torno a qu partes del cuadro pudiese realizar cada uno. Se cree que fue pintado en torno a 1670 ya que hasta 1663 la cofrada de la Iglesia posea un cuadro viejo de la batalla que fue reemplazado por el que nos ocupa entre 1665 y 1675. Segn Ibez Garca[xxiii] la obra pudo ser costeada por un ascendiente de los condes de Almodvar, vinculados a la cofrada del Rosario (la fiesta de la Virgen del Rosario fue instituida por el Papa Po V el siete de octubre, da de la batalla de Lepanto). Posteriormente lo donaron a la capilla de esta Iglesia, a la que tenan acceso directo para asistir al culto en honor de la Virgen del Rosario. Al parecer existi una rplica del cuadro en la Iglesia parroquial de Totana (Murcia).
En los medallones se representan a la izquierda el Papa Po V y Al Baj, el almirante de la flota del Imperio Otomano. A la derecha Felipe II y Don Juan de Austria, hermano natural del rey. La Virgen del Rosario con el nio en brazos preside la escena desde el cielo, mientras en la parte terrenal se desarrolla la batalla. Juan de Toledo y Mateo Gilarte ya haban trabajado juntos para la compaa de Jess en la Iglesia y colegio de San Esteban.
En segundo lugar mostramos otro lienzo que sigue bsicamente el mismo esquema compositivo que el anterior [figura 2]. Se trata de una pintura de Lucas Valds que est en la antigua iglesia del convento de dominicos de San Pablo, actualmente Parroquia de la Magdalena en Sevilla. Lucas Valds (1661-1725), hijo de Juan de Valds Leal y nacido en Sevilla, estuvo activo en esta ciudad durante las dos primeras dcadas del siglo XVIII, destacando como uno de los pocos pintores de este crculo que actu fuera de la corriente de Murillo. Aunque su padre fue un maestro excelente, Lucas nunca lleg a alcanzar las cotas de aquel. Segn Valdivieso[xxiv] su dibujo es blando e inexpresivo, sus personajes carecen de vitalidad fsica y anmica, su sentido del color es pobre, ahorra matices y transparencias a causa de una ejecucin descuidada y rpida. Sin embargo encuentra que en sus pinturas la mayor virtud es su forma de crear grandes composiciones as como magnficas perspectivas en aparatosos escenarios arquitectnicos, ya que Valds posea grandes conocimientos de esta ciencia. Entre 1710 y 1715 este artista llev a cabo un importante proyecto decorativo en la anteriormente mencionada parroquia de la Magdalena, donde se encuentra el lienzo que nos ocupa, como culminacin del proceso de reforma de la ruinosa iglesia gtica concluido en 1709. El programa iconogrfico desarrollado por Lucas Valds en la capilla mayor y el crucero inclua los temas del Triunfo de la Fe, la grandeza de la Virgen Mara as como de la orden dominica. La representacin de la batalla de Lepanto se encuentra, dentro de este templo, en el muro de la epstola, porque el Papa Po V perteneci a la orden de los dominicos e instituy la fiesta del Santo Rosario el da de la victoria de Lepanto, como ya se ha dicho[xxv].
Jos Guerreo Lovillo escribi un artculo en conmemoracin del cuarto centenario de la batalla, y su parecer no tiene nada que ver con lo comentado anteriormente: es el conjunto ms representativo de Lucas Valds; est bien compuesto y el colorido es asimismo muy acertado. La parte baja, con el grupo de naves semeja un gran tapiz y no se descarta el influjo de los tapices de la Casa Real alusivos a la expedicin de Tnez[xxvi].
Con formato rectangular, sobresale de la parte superior la imagen celestial, ms elaborada que en la obra murciana. Preside la escena la Virgen del Rosario coronada, sosteniendo un cetro mientras rodea al Nio con su mano derecha, cogiendo ste con su manita un extremo del rosario que Mara sujeta. A la izquierda Po V se representa arrodillado en actitud orante ante la cruz y con su mitra papal. Los angelitos aparecen graciosamente agrupados de tres en tres, colgando de la mano de casi todos ellos un rosario. Sin embargo hay dos ngeles de mayor edad situados en primer trmino, a la derecha del grupo celeste, que empuan espadas de fuego mientras miran hacia la galera de don Juan, situada en el centro de la batalla en primer plano, como si quisieran luchar junto l contra el enemigo de la cristiandad.
En la Ermita del Roser de Valls en Tarragona se encuentran dos representaciones de la Batalla de Lepanto, sobre azulejos de cermica vidriada policromada, de autor desconocido [figuras 3 y 4]. Las composiciones constan de 2538 azulejos y parecen estar inspiradas en las estampas de tipo descriptivo de Antonio Lafreri y Francesco Camotio, realizadas inmediatamente despus a la batalla de Lepanto y conservados actualmente en la biblioteca del Palacio Real de Madrid.
A partir del Barroco las representaciones relativas a los hechos gloriosos de Felipe II sern distintas. En el siglo XIX su reinado se consider como una poca de gloria que marc el inicio de la decadencia de la monarqua hispnica. Pero la leyenda negra que envolvi a su figura influy asimismo en la iconografa de sus imgenes, llevndose a cabo obras que muestran mltiples episodios de su vida que nada tienen que ver con sus heroicidades.
[i] CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, cap. Xxxix, Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos. Barcelona: Francisco Rico dir., Crculo de Lectores, 2000, pp. 486.
[ii] PORREO, B.: Dichos y hechos del Rey D. Felipe II. Madrid: Saeta, 1942, p. 173. Al parecer la edicin ms antigua que se conoce de este libro data de 1628.
[iii] Definiciones recogidas por BOUZA, F.: Imagen y propaganda. Captulos de Historia cultural del reinado de Felipe II. Madrid: Akal, 1998, pp. 6-7.
[iv] Sobre el concepto de poder martimo CARRERO BLANCO, L.: Espaa y el Mar. Tomo I. El mar en la guerra y en la paz hasta la II Guerra Mundial. Madrid: Instituto de Estudios Polticos, 1962, pp. 44 y ss.
[v]CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: op. cit., pp. 483-491.
[vi] GARCA ARENAL, M. y BUNES, M. A. de: Los espaoles y el norte de frica. Siglos XV-XVIII. Madrid: MAPFRE, 1992, p. 108.
[vii] HESS, A.C.: The Battle of Lepanto and its place in Mediterranean History en Past and Present, nm. 57, 1972, pp. 53-73.
[viii] La recopilacin de imgenes de batallas navales del monarca se encuentra en el catlogo de mi Tesis Doctoral indita: Imgenes de batallas navales como exaltacin del poder durante el reinado de Felipe II (1556-1598), 2004.
[ix] BUNES IBARRA, M. A. de: La imagen de los musulmanes y del Norte de frica en la Espaa de los siglos XVI y XVII. Los caracteres de una hostilidad. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientficas, 1989, p. 76.
[x] HAEDO, D. de: Topografa e historia general de Argel. Valladolid, 1612. Cita recogida por Miguel ngel de Bunes en Ibid. , p. 76.
[xi] PARKER, G.: Felipe II. Madrid: Alianza Editorial, 1995, p. 259.
[xii] MARIANA, Padre J. de: Historia general de Espaa. Ed. De Andrs Ramrez. T. II. Madrid: 1782, p. 784.
[xiii] Ibid, p. 260.
[xiv]CHECA CREMADES, F.: Felipe II en El Escorial. La representacin del poder real en El Escorial. Arte, poder y cultura en la corte de Felipe II. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Cursos de verano de El Escorial, 1989, p. 7.
[xv] CHECA CREMADES, F.: Un prncipe del Renacimiento. El valor de ls imgenes en la corte de Felipe II en Felipe II. Un Monarca y su poca. Un prncipe del Renacimiento. Madrid: Sociedad Estatal para la Conmemoracin de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, p. 54.
[xvi] PORREO, B.: Dichos y hechos del Rey D. Felipe II. Prlogo de ngel Gonzlez Palencia. Madrid: Saeta, 1942, p. 36.
[xvii] Ibdem, p. 97.
[xviii] Documento manuscrito annimo conservado en la Biblioteca Nacional.
[xix] Cita recogida por SEBASTIN, S.: Emblemtica e Historia del Arte. Madrid: Ctedra, 1995, p. 11.
[xx] REYERO, C.: El grabado decimonnico de temtica histrica. La Historia de Espaa del Padre Mariana en GOYA, Revista de Arte. Madrid: Fundacin Lzaro Galdiano, nm. 181-182, julio-octubre, 1984, p. 80.
[xxi] BASSEGODA, Bonaventura: Antonio Palomino y la memoria histrica de los artistas en Espaa, en Arte Barroco e ideal clsico. Aspectos del arte cortesano de la segunda mitad del siglo XVII. Madrid: Sociedad Estatal para la Accin Cultural Exterior, 2004, pp. 89-114.
[xxii] PALOMINO DE CASTRO Y VELASCO, Antonio: El Museo Pictrico y Escala ptica. Tomo III. Madrid: Imprenta de Sancha, 1796, pp. 677-678.
[xxiii] IBAEZ GARCA: El cuadro de la batalla naval, Almanaque del Asilo de San Jos de Calasanz. Lorca: 1924. Recogido por ANGULO IGUEZ, Diego y PEREZ SNCHEZ, Alfonso Emilio: Historia de la Pintura Espaola. Escuela Madrilea del segundo Tercio del siglo XVII. Madrid: Instituto Diego Velzquez, 1983, p. 352.
[xxiv] VALDIVIESO, E.: Historia de la pintura Sevillana: siglos XIII al XX. Prlogo de Alfonso E. Prez Snchez. Sevilla: Guadalquivir, 1986, p. 284.
[xxv] Ibdem pp. 285 y ss.
[xxvi] As lo escribi en el nmero 69 de Archivo Hispalense, y este fragmento lo recogi LORENTE, L. M.: Emisin de sellos conmemorativa del IV centenario de la batalla de Lepanto en Revista General de Marina. Tomo 181, Madrid, octubre, 1971, pp. 399-404.
ISSN 1941-174X
©Revista Barroco 2011 All rights reserved. Todos derechos reservados.
Revista Barroco
Auburn University Montgomery
7071 Senators Drive
Montgomery, AL 36117
United States
pamela