Revista Barroco
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pamela
Herrera precursor de Góngora o la paradójica claridad del conceptismo
Herrera, Precursor of Góngora, or The Paradoxical Clarity of Conceptism
Contributor/Contribuyente:
Marcelo Rioseco
University of Cincinnati
Herrera, que al Petrarca desafa
Lope de Vega
Laurel de Apolo
En 1580, el poeta sevillano Fernando de Herrera, publica en sus Anotaciones a la poesa de Garcilaso:
[...] debe ser la claridad que nace de ellas [de las palabras] luciente, suelta, libre, blanda y entera; no oscura ni intricada, no forzada, no spera y despedazada; mas la oscuridad que procede de las cosas y de la doctrina es alabada y tenida entre los que saben en mucho, pero no debe oscurecerse ms con las palabras, porque basta la dificultad de las cosas. (127)
Este fragmento requiere de una precisin previa. La cita de Herrera pertenece a un conjunto de comentarios acerca de la obra de Garcilaso. Esta teorizacin que ha sido objeto de no pocos reparos crticos busca no slo ser un comentario acerca de puntos especficos de la produccin de Garcilaso (la conquista lrica garcilasiana), sino tambin una suerte de Potica del periodo[i]. Herrera propone la poesa de Garcilaso como la prueba de que el espaol ha alcanzado un rango de lengua artstica a la que incluso as es preciso dotar de una potica (Fernndez Rodrguez 39). Hay en esta tentativa un rasgo fundamental: Herrera no busca ser un terico original como Pietro Bembo, el Brocense o J.C. Escalgero. Al contrario, su pensamiento terico es ms bien convencional y aparece como la suma estratgica de la preceptiva renacentista de la poca. Esta limitacin es, precisamente, su principal ventaja. Este acuerdo preceptivo que representan las opiniones de Herrera es lo que nos permite generalizar una manera de entender la poesa despus de Garcilaso y ver qu significa o cul es la influencia de este pensamiento en la poesa del primer tercio del siglo XVII.
Herrera es un neoplatnico influido por Len Hebreo y Plotino, un artista consagrado, cultivador entusiasta de la forma potica a la que cincel y puli con cuidadoso esmero en su incesante procurar de la hermosura a travs de la idea de la palabra (Montori 24). Escribe en un momento en que, desde Garcilaso en adelante, la influencia de Petrarca y la idea de escribir al modo del Cancionero dominan una parte importante del paisaje potico. Estos dos elementos se conjugan en uno slo: Herrera ha llevado a las ltimas consecuencias la virtualidad lrica del petrarquismo y el neoplatonismo (de Gutirrez 31). Esta potica renacentista va a entroncar con la tradicin barroca del primer tercio del XVII de una manera casi natural. Hay en la poesa de Herrera nfasis, grandilocuencia, cultismos latinizantes, suntuosidad, opulencia verbal, complicacin sintctica, acumulacin y brillantez de metforas, elementos todos que anticipan el arte barroco. Cuando Herrera llega a su momento de creacin, est siguiendo en cuanto al idioma, la lnea ascendiente que iniciara Juan de Mena []; se depura con Garcilaso, y va a tener su culminacin en Gngora (28). Petrarca aparece al inicio de esta sucesin influyendo directamente a los poetas del XVI. Puede parecer, a primera vista, difcil ver la continuidad de esta tradicin desde la claridad renacentista a la oscuridad del culteranismo; sin embargo entre ambos poetas Herrera y Gngora hay un sinnmero de otros poetas que evidencian, por pertenencia o por oposicin, influjos a esta lnea de la tradicin. No hay que olvidar que el petrarquismo iniciado por Garcilaso va a aparecer todava, en 1634, cuando Quevedo escriba su poesa amorosa. En suma, la continuidad de esta tradicin (que llega a travs de Herrera hasta casi la mitad del XVII) es rica en matices, muchas veces opuestos o contradictorios entre s. Mientras Gngora la subvierte [la tradicin petrarquista], Quevedo aparece reclamndola (Gutirrez 93).
La enorme contribucin a la saturacin verbal del barroco se debe, en palabras de DiBenedetto, a que las Anotaciones, al fin de todo, no es una obra que revela cmo para Herrera estilo era poesa y poesa estilo (53). Estilo que va a alcanzar su non plus ultra con el conceptismo una vez entrado el siglo XVII. Escribe Herrera: Es classima cosa, que la excelencia de la poesa consiste en el ornato de la elocucin (Anotaciones 293)[ii]. Estamos todava en presencia de un ornato clsico, regido por las reglas de la preceptiva renacentista. Si por un lado, la obra de Garcilaso exhibe una sencillez y un equilibrio clsico, el pensamiento terico de Herrera defiende el ornato como la forma ms apropiada para expresar la total variedad de emociones humanas (DiBenedetto 53). Con Herrera el lenguaje est abierto a las infinitas posibilidades expresivas del lenguaje (aunque el poeta sevillano no fue tan fiel a la prctica de la escuela sevillana un tanto alejada de sus advertencias sobre la prctica de la severidad y mesura en el arte). Cuando leemos los poemas de Herrera recibimos una impresin de la intensa luminosidad que irradia toda su obra. Sus poemas estn llenos de fuertes claridades [] (Montori 151).
El pensamiento potico de Herrera aparece enmarcado dentro de un plano de culta aristocracia con lmites neoclsicos, sin embargo el afn de perfeccionamiento y estilizacin de la lengua no poda detenerse all donde la preceptiva lo indicaba. En un apretado resumen de las caractersticas de la poesa de Herrera: preocupacin por el idioma, uso de cultismos y eptetos, reunin de la tradicin clsica y la popular, el uso de un estilo y un lxico erudito, la opulencia imaginativa, entre otras; puede encontrarse una cualidad esencial, comn a todas ellas, la idea de la claridad (Montori 34). Escribe Herrera: porque donde no ai claridad no ai luz ni entendimiento, i donde faltan estas dos virtudes, no se puede conocer ni entender cosa alguna i aquel poema que siendo claro tendra grandeza, careciendo de claridad es spero i difcil [] (Anotaciones 127).
Cuando leemos el prrafo de Herrera citado al comienzo de este artculo, varios conceptos aparecen exorbitantes. Nos encontramos, en primer lugar, con las dualidades y, al mismo tiempo, tensiones entre claridad/oscuridad, oscuridad/dificultad, y, finalmente, entre oscuridad de las palabras y oscuridad de las cosas o de la doctrina. Ahora bien, estos binomios, as planteados, tienen larga data y pueden rastrearse hasta la antigedad revelndonos una dualidad central en la Retrica clsica: perspicuitas versus obscuritas y que tiene su mxima expresin en el desarrollo de la elocutio. No es difcil advertir que el planteamiento de Herrera est esbozando ciertos lmites al ornato al adscribir su pensamiento a la preceptiva clsica, la cual concibe la obscuridad como virtud o como vicio. La condena a la oscuridad en la poca de Herrera no tena nada de nuevo, no era un problema, era un tpico literario. As esta discusin terica poda ser igualmente vlida para Herrera como para Quevedo o la poesa de Lope.
No hay que olvidar que el perodo que actualmente conocemos como el Barroco no es ms que una prolongacin histrica del Renacimiento y que los mismos escritores de la poca se consideraban herederos de una tradicin clsica en las que no advertan rupturas decisivas o grandes cambios al compararlas con su propia creacin literaria. Slo algunos crticos perspicaces se dan cuenta de que algo est cambiando, pero los patrones literarios por los que continan rigindose son todava de carcter clsico. (Cruz 51)
Ahora bien lo dicho por Herrera, en el prrafo inicial, no es un alegato exclusivo en favor de la claridad. El mismo hablando con rigor no siempre la profes. Por el contrario, Antonio Vilanova, ha llamado la atencin acerca del carcter ambiguo con respecto a esta materia (o excepcional) que, muchas veces, toman los escritos tericos de Herrera[iii]. Resulta evidente que en la concepcin potica del sevillano encontramos ciertas matizaciones que se repetirn en las exculpaciones y justificaciones de la oscuridad gongorina (Lozano 73). El lenguaje de Herrera aspiraba a lo sublime, a lo solemne y, por supuesto, su defensa de la claridad deba permitir ciertas licencias a la oscuridad cuando sta no era un vicio o un artificio que terminaba en el hermetismo gratuito. Este pensamiento ya haba sido sistematizado por el Pinciano, quien ms tarde en Philosophia antigua potica (1596) reflexion ampliamente sobre el estilo sublime y la grandeza elocutiva condenando la oscuridad artificiosa.
Ay tres maneras de oscuridad, las dos son artificiosas y virtuosas, y la tercera mala y ruda. La primera de las artificiosas es que quando vn poeta, de industria, no quiere ser entendido de todos [] La otra oscuridad artificiosa es causada de la mucha leccin y erudicin, en la cual no tiene culpa el poeta, sino el lector que, por ser falto dellas, dexa de le entender el poema [] La tercera escuridad es mala y viciosa, que nunca buen poeta vs, la cual nace por la falta de ingenio de inuencin o de elocucin, digo, porque trae conceptos intrincados y difciles, o dispone, o por mejor decir, confunde los vocablos de manera que no se dexa entender la oracin. (Libro II, 163).
Tambin Francisco Cascales se viene a sumarse a la condena de la oscuridad, sinnimo de mala escritura o de un estilo no logrado. La oscuridad es viciosa cuando procede del ser el verso intrincado y mal dispuesto; pero, en el mismo prrafo, advierte: que si est oscuro por ser alto el pensamiento o por encerrar alguna doctrina no comn de ningn modo se debe vituperar[iv]. Afirmacin que no es otra cosa que lo ya expuesto por el mismo Herrera en sus Anotaciones: mas la oscuridad que procede de las cosas y de la doctrina es alabada y tenida entre los que saben en mucho []. No es difcil, entonces, advertir de qu claridad y de qu oscuridad estaba hablando Herrera.
Herrera como impugnador del estilo culto sent las bases para la apreciacin de la dificultad como una cualidad esencial del estilo. A partir de l sta es una meta deseable (Collard 98). Ya Castiglione haba propuesto una mesurada dificultad que desafiaba la competencia del lector, pero que dependa de l. Gngora llev la dificultad y la oscuridad a un extremo y se preciaba de ello: honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distincin de hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego, pues no se han de dar piedras preciosas a animales de cerda (896). Incluso Lope tambin la aprecia llamndola docta escuridad[v]. Juregui quien, al igual que Herrera, no fue un terico innovador acepta la oscuridad cuando se trata de grandes motivos. Y la reprueba slo cuando representa un problema para el decorum de la obra. En el Antdoto escribe Juregui:
Hay pues, en los autores dos suertes de oscuridad diverssima: la una consiste en las palabras, esto es, en el orden y modo de la locucin, y en el estilo del lenguaje solo; la otra en la sentencia, esto es, en la materia y argumento mismo, y en los conceptos y pensamientos dl. Esta segunda oscuridad, o bien la llamaremos dificultad, es las ms veces loable, porque la grandeza de las materias trae consigo el no ser vulgares y manifiestas, sino escondidas y difciles: este nombre les pertenece mejor que el de oscuras. (136)
Esta segunda oscuridad, dificultad estilstica intrnseca de los grandes temas es admitida slo si es consustancial al contenido o a las cosas[vi]. De otro modo, es artificio y condenable. Despus de la publicacin del Polifemo (ao) el tema se vuelve central en la discusin literaria espaola. Incluso Lope hace eco del pensamiento de Herrera y Carillo Sotomayor[vii] afirmando que la dificultad de la sentencia es legtima; pero la de la lengua, no. Eso no le impide a Lope, por supuesto, condenar a Gngora. Para Lope el poeta cordobs haba ido demasiado lejos. Por su parte, Quevedo no se cans tampoco de hacerles reparos a Gngora y los gongoristas. Ms an, cuando tuvo la oportunidad, propuso a Fray Luis como ejemplo de claridad (una oblicua potica antigongorina, por cierto), como ya lo haba hecho antes Lope con el prncipe de Esquilache, modelo de claridad castellana (Collard 105). La polmica suscitada por las Soledades centrada, precisamente, en la discusin sobre los tpicos de la claridad, la dificultad y la oscuridad fue generadora de estilos y tomas de posiciones que se convirtieron posteriormente en importantes corrientes poticas a comienzos del XVII. En la poca,
se distinguen pues, dos clases de oscuridad: el vicio retrico y la oscuridad que deriva de la dificultad inherente a la manera de expresar una idea valiosa. La claridad opuesta a la oscuridad del primer tipo no implica diferencia entre estilos, sino que slo seala la distancia que hay entre un buen escritor y un escritor mediocre [] (Collard 110)
La primera consecuencia de este pensamiento es la divisin que aparece, entonces, entre conceptismo y culteranismo (y por extensin, el gongorismo). Por supuesto, la divisin era artificial y nacida de una generalizacin; pero, sin embargo, sobrevivi hasta comienzos del siglo XX apoyada por la crtica que tardamente vio lo artificial de tal taxonoma[viii]. Menndez Pelayo ha sido de los primeros en sostener que el conceptismo y el culteranismo no son dos tendencias opuestas, sino dos formas distintas de concebir la poesa[ix]. Es ms, el culteranismo puede ser entendido como una forma extrema de conceptismo.
El conceptismo, que iba a dominar el panorama espaol de comienzos del XVII, no tuvo una definicin concreta sino hasta Gracin[x]. Herrera haba ya entrevisto la doble significacin del concepto. Por un lado, la que prolonga la idea de un pensamiento profundo y la otra de carcter adjetival, el concetto, y que se relaciona directamente con el ornato. El primero est ligado a la cualidad de la agudeza y la segunda a eptetos descriptivos, los llamados primores (Collard 28). Gracin, en 1648, compil un abundante conjunto de estos conceptos en un texto seminal, Agudeza y arte de ingenio, dando una sobrada muestra de los recursos conceptistas que caracterizaban gran parte de la poesa de su poca: compilacin que va desde el simple juego de palabras a intrincadas metforas. El conceptismo, con sus juegos, entretiene el intelecto. Su dificultad es fuente de placer. Mientras ms difciles son estos juegos, ms deleite producen. El cultismo, por su parte, cumple tambin con este dictado, pero a su vez estimulan la imaginacin sensorial, en particular la visual y la auditiva. Los excesos gongorinos de estas prcticas estimularon a los detractores de la poesa culta a criticar la superficialidad de una poesa cuyo estilo nada dice y al exceso de ornato que la vuelven oscura y pretensiosa. Si Gngora como veremos ms adelante representa el extremo de una tradicin que sigue la lnea Mena-Garcilaso-Herrera, va a ser el mismo Herrera su piedra de toque. A los excesos del gongorismo se opondrn los argumentos de la mesura, la razn y el buen gusto. Todos ellos muy cercanos a los postulados de la claridad herreriana.
Es claro que todos los recursos del conceptismo atentan contra la idea de la claridad necesaria sostenida por Herrera. Sin embargo, hay que recordar, por otra parte, que esta defensa de la claridad no excluye una concesin a la dificultad. El Libro de la erudicin potica de Carillo Sotomayor es un elocuente ejemplo de lo anterior. Esto es, hay que acogerse al ideal de Quintiliano: la costumbre del hablar con sentimientos de los doctos. Otra vez, aquello que no se entiende ya no es culpa del poeta, sino del indocto lector. Es claro que el conceptismo, tan ligado al ingenio, necesitaba de juegos verbales y dificultades conceptuales para lograr sus efectos en el lector/auditor, sin embargo, el conceptismo no es oscuro, sino claro. Hasta el mismo Quevedo, complicadsimo en sus juegos conceptuales, se senta ms que claro, clarsimo: 'Y Lope de Vega deca a los clarsimos nos tenga de su verso'[xi] (Lzaro Carreter 30). Juregui, por otro lado, en su condena a la poesa de Gngora y de paso a la de Quevedo[xii], no postula una defensa de la dificultad conceptista. Lo suyo est ms cerca de una abierta defensa de la claridad: Sea el primer supuesto que no es ni debe llamarse oscuridad en los versos el no dejarse entender de todos [][xiii] (Urres 245). El nico reparo a la claridad que postula Juregui es aquel que acerca el verso a la prosa y atenta contra la grandeza del tema tratado. Juregui cree que el ingenio potico debe aspirar a grandiosas hazaas y no medianas, porque no slo la humildad y rendimiento es indigno en los versos, sino tambin la llaneza y mediana y aunque sea pareja y sin vicios, es viciosa y tan despreciable que no haya lugar en poesa (Discurso 99). En esto Juregui sigue a Herrera: ambos postulan una preceptiva que defiende el ideal de la poesa perfecta. Por esta razn, Juregui conden a Lope y a los poetas llanos.
Ahora bien, el escndalo producido por la aparicin de las Soledades de Gngora, en 1613, confirma una vez ms hasta que punto esta discusin tena vigencia en el primer tercio del XVII. De alguna manera, la potica gongorista no hizo ms que agravar la diferencia entre dificultad y oscuridad de estilo que, para sus detractores, se convirti verdaderamente en una pugna entre docta dificultad y viciosa oscuridad. Entre estos dos polos se movi gran parte de los ingenios espaoles hacia 1600. Por una lado, la dificultad, en las voces y en los conceptos, vencible por cualquiera. Y, por otro lado, la desdeosa dificultad ilustre[xiv], slo superada por los doctos (Lzaro Carreter 32). Por ello, no es arbitrario postular que las poticas de Quevedo y Gngora ilustran caracterizan dos de las principales tendencias escriturales de aquella poca a partir de la discusin terica planteada por Herrera.
Gngora aspira a la poesa culta. Con l el trmino culto que haba significado limado, artificioso (era un italianismo) pasa a significar erudicin. En espaol lo haba usado previamente Garcilaso como sinnimo de una clara intencin de perfeccin formal. As, cuando Dmaso Alonso en La lengua potica de Gngora[xv] seala que Gngora se sita en el extremo de la progresin Mena-Garcilaso-Herrera, hay que ver en el poeta una apropiacin e original intensificacin de la tradicin de la poesa culta[xvi] que lo precede. Alonso ha demostrado que los cultismos de Gngora arrancan a menudo de las innovaciones de Herrera, no slo en sus aspectos formales, sino en una plano mucho ms hondo que abarca tanto su funcin potica como el contenido conceptual (Collard 8-9). Pero el parentesco tiene a su vez un trasfondo ideolgico. Herrera ensay varias acepciones para el vocablo culto. A veces parece seguir a Castiglione cuando ve en la significacin del vocablo un sinnimo de elegante, castigado u hermoso. Otras, culto parece ser sinnimo de cosas sutiles y llenas de erudicin. Como sea, despus de l, culto y docto van a ser vocablos equivalentes. El ideal herreriano de la poesa culta estaba puesto en una concepcin aristocrtica de lo intelectual y en un menosprecio de la ignorancia vulgar. Gngora lo recibe de Herrera, lo transforma y revitaliza. Dems conocida es los siguientes versos al conde de Niebla en la dedicatoria del Polifemo: Estas que me dict, rimas sonoras/ culta s, aunque buclica Tala (Obras 619).
Ahora bien, aunque la crtica site a Gngora en el extremo de la tradicin iniciada por Juan de Mena, sigue siendo un caso excepcional, nico. Gracin, por ejemplo, en la Agudeza, aunque lo llama guila de los conceptos y no le niega el ser ingenioso, nunca lo coloca al lado de Quevedo o Lope. Para el jesuita la diferencia entre conceptistas y culteranos estaba bien clara. Esto no quiere decir, de modo alguno, que no haya un Gngora conceptista. Al contrario, el culteranismo de Gngora supone un colosal esfuerzo conceptista de transformacin y mutacin (Lzaro Carreter 38). Por otro lado, se le reconoce al poeta cordobs un rasgo que es exclusivo del conceptismo, el ingenio. Saavedra Fajardo ya haba advertido en la Repblica literaria (1612) la incomparable agudeza de Gngora en el uso de la lengua espaola. Negarle el carcter conceptista a Gngora es un equvoco que la crtica moderna ha ayudado a despejar. Gngora se apropi del modelo conceptista y lo llev a una expresin hiperblica y original como nunca se haba hecho antes de l (ni despus). De ah, su oscuridad, su desdeosa dificultad que lo diferencia de otras concepciones de dificultad, como son las propiciadas por Juregui o por la alternante dificultad que ve Lzaro Carreter en Quevedo.
Quevedo, por otro lado, aparece como escritor difcil. Y no es extrao. Su obra est plagada de los ms diversos recursos del conceptismo: paronomasias o dilogas, elipsis, calambures, disemias y polisemias, anttesis, equvocos, paradojas, entre otros. Donde la intensificacin metafrica y las dilogas son, quizs, las ms constantes. La dificultad quevediana aparece explcita en la intensificacin de estos dos recursos y en la complejidad de los temas tratados, sin embargo, la percepcin final de la obra del poeta madrileo, segn Lzaro Carreter, es de nitidez. Quevedo fue un poeta difcil, pero no oscuro. Utilizaba profusamente las metforas, pero, a diferencia de Gngora, el conjunto de ellas no compona un todo a la manera del poeta cordobs, el cual poda hacer de ellas metforas dobles o transformar el conjunto metafrico en una alegora. La crtica ha sealado el uso inconexo de las metforas quevedianas como un rasgo distintivo de su obra. Esta nitidez que despide su obra es tambin un asunto de fines: Quevedo no practicaba la dificultad como una prueba y como un estmulo para el lector. Su obra podra ser ubicada entre la poesa llana de Lope y la oscuridad gongorina. Su conocida diatriba contra Gngora tiene que ver con su permanente rechazo a esa oscuridad. En Aguja de navegar cultos escribe: Quien quisiere ser culto en un solo da, / la jeri (aprender) gonza siguiente. El gongorismo era para Quevedo una jerigonza o una prctica, como dice en La culta latiniparla refirindose a Gngora: Compuesto por Aldrobando Anathema Catacuzano, graduado en tinieblas, docto a escuras, natural de Las Soledades de Abajo (443). Es ms, Quevedo va a ser (oportunamente) un estratgico defensor de la claridad cuando publique las obras de Fray Luis.
Todo su estilo [se refiere a la poesa de Fray Luis] con majestad estudiada es decente a lo magnfico de la sentencia, que ni ambiciosa se descubre fuera del cuerpo de la oracin, ni tenebrosa se esconde; mejor dir que se pierde en la confusin afectada de figuras, y en la inundacin de palabras forasteras. La locucin esclarecida hace tratables los requerimientos de las ideas, y da luz a lo escondido y ciego de los conceptos. (Martnez 7)
Pero no todo Quevedo es stira, burla y parodia. Tampoco fue siempre un poeta difcil. Siguiendo el modelo del cancionero petrarquista el poeta espaol escribir poesa amorosa. Gutirrez ha sealado la ausencia de los referentes gongorinos en esta poesa como una voluntad de diferenciacin. Que ese reflejo sea, quizs, implcito (reclamar la filiacin directa de Petrarca, Boscn, Garcilaso, Ausias March? silenciando a Gngora y desvindose de l) y no explcito no significa que no est all (94). El regreso a esa claridad, ahora de corte petrarquista, acercndose, de alguna manera, al pensamiento de Herrera, va ser no tanto una apuesta programtica como una forma de diferenciacin del inmenso e innegable influjo de la poesa de Gngora en la Espaa literaria de esa poca. No es arriesgado afirmar que Quevedo, como poeta, humanista o como consejero poltico, quera y buscaba ser entendido.
En resumen, como ya ha visto la crtica, con el pensamiento potico de Herrera se prolonga una lnea de la tradicin de la poesa espaola que se inicia con Juan de Mena y que va a llegar hasta Gngora. Herrera fue un defensor terico de la claridad que, probablemente, no previ que su moderada aceptacin de la oscuridad iba a engendrar, directa o indirectamente, al poeta ms oscuro de la lengua espaola. Paradjica defensa es la suya. Sus teoras y no fueron las nicas representaron un sentir generalizado en el campo literario de la poca y se convirtieron en parte de la polmica que dividi, en primera instancia, a muchos de los poetas en conceptistas y culteranos. Como ha indicado Mara Teresa Colchero:
Sealo que las teoras herrerianas trascendieron, en tanto que separan un doble plano conceptual y estilstico, el fondo y la forma de la creacin potica. Bastar sealar que contienen en germen los dos principios fundamentales de la esttica barroca, correspondientes a las dos escuelas literarias del conceptismo y culteranismo. (89)
Casi dos dcadas despus del primer tercio del XVII, Baltasar Gracin seguira haciendo nfasis en esta divisin. La crtica moderna ha denunciado el equvoco terico de esta clasificacin. El culteranismo o el gongorismo fueron, a su modo, formas extremas del conceptismo. Prcticas radicalizadas hasta tal punto que parecieron a sus contemporneos nicas y opuestas al modelo conceptista. Tal equvoco ya no sobrevive hoy en da. Hoy, al no hacer tal diferenciacin, es posible ver el ideal potico herreriano como un gran motor e importante impulsor de las dos formas ms importantes de ver y hacer poesa en el primer tercio del siglo XVII. Una por continuacin y la otra por exceso.
[i] O para ser ms precisos, Herrera trata en las Anotaciones de hacer de su ideal potico una Potica. Por ello los juicios sobre la obra de Garcilaso dependen, en gran medida, de la lejana o cercana a su doctrina.
[ii] No hay que olvidar que el Pinciano identificaba la elocucin con la pureza de la frase (Libro III, Cap. 1, 307). Y que sta a su vez se divida en elegancia, dignidad y composicin.
[iii] Vilanova ve en las Observaciones del Prete Jacobn, el nico pasaje de la obra herreriana que puede considerarse como un autentico manifiesto de la doctrina de la erudicin potica y un claro alegato a favor de la oscuridad y hermetismo (582).
[iv] Tablas poticas. Tabla V. 1617.
[v] Laurel de Apolo,87.
[vi] El origen de esta aceptacin proviene de la dificultad que proponan las cosas sagradas donde la dificultad es de carcter doctrinal.
[vii] Efetos son del buen hablar dificultar algo las cosas. Libro de la erudicin potica, 93.
[viii] Ver de Lzaro Carreter Estilo barroco y personalidad creadora. Pg. 13.
[ix] Ideas estticas. Vol. II. 327.
[x] Segn Gracin el concepto es un acto del entendimiento, que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos. Agudeza y Arte de ingenio. Discurso II. 1648.
[xi] Aguja de navegar cultos. 785.
[xii] Crticas apuntadas en El retrado. 1635.
[xiii] Jordn de Urres, Jos. Biografa y estudio crtico de Juregui.
[xiv] Hablo aqu de dificultad y no de oscuridad, pues para Gngora principal defensor de este estilo la oscuridad no tena una acepcin negativa, sino positiva.
[xv] Madrid, 1961. 82.
[xvi] Tesis tambin defendida por Antonio Vilanova en Las fuentes y los temas del Polifemo de Gngora. Madrid, 1957. Y por Oreste Macr en Historia general de las literaturas hispnicas. Barcelona, 1949.
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